Comenzamos
una nueva andadura, esta vez por tierras de Moya, en Cuenca.
Doce
caballistas nos dirigimos a Moya, 5 de ACACABE y 7 de la AVMW
para realizar la recreación histórica de unas
carreras que se realizaban en la antigüedad.
Tras
cargar a los caballos en el camión de Vicente Devis,
nos dirigimos a Landete, pasando por Utiel, Sinarcas, y Talayuelas.
En Landete alojamos los caballos en unas cuadras que Ángel
"el Requenario", un buen amigo del pueblo nos prestó.
Tras ubicar nuestros equipajes en la casa rural donde haríamos
noche, nos dirigimos a Moya, a conocer un poco el castillo y
en entorno donde se desarrollaría el espectáculo.
Ya
en el castillo de Moya, conocimos a Régulo, "un
personaje", mecánico maquinista naval jubilado,
estudioso apasionado del Castillo de Moya y su historia, quizás
sea (seguro que sí) el que mas conoce sobre estas ruinas
y lo que ocurrió en ellas.
Una
vez visitadas las ruinas, nos acercamos al barecito a refrigerar
el alma con unos quintos mahou 5 estrellas. De cenar degustamos
el jabalí guisado. Una vez apaciguado el hambre, nos
acercamos a echar unos gin-tonics al pueblo de Landete. Menudo
ambientazo que tiene el los sábados-night. Rematamos
la noche charlando en el porche de la casa donde nos hospedamos,
entre gin-tonics y cervatillos corriendo por los alrededores.
Tras
amanecer nos dirigimos a desayunar al pueblo ya ataviados con
nuestras camisas blancas, pantalones oscuros, botas negras,
cinturón ancho y para rematar un sombrero negro de ala
ancha con unas plumas. Estabamos espectaculares.
Arreglamos
monturas y nos dirigimos al Castillo de Moya. Ya en las laderas
del castillo realizamos las esperadas carreras. El terreno no
daba para una buena carrera con pique incluido ya que
era estrecho y estaba lleno de piedras y socavones, pero aún
así salió bien, emprendimos todos el galope un
poco separados para evitar el polvo y las piedras que despiden
los cascos y en unos ninutos estabamos en grupo saludando al
público que nos observaba desde lo alto de las murallas
de la fortaleza.
Subimos
al paso por sinuosos senderos la montaña donde se encuentra
la fortaleza. Al llegar a las ruinas del castillo, dimos un
paseo por las calles y murallas hasta la plaza central abarrotada
de gente, donde atamos los caballos tras darles de beber. Seguidamente
comimos en los salones del convento, rehabilitados como espacio
cultural. Algunos echamos una cabezadita después del
café, otros (los que no conducían) continuaron
con los gin-tonics.
A
eso de las seis cargamos los caballos en el camión y
nos volvimos a Valencia.
Agradecemos
a Régulo y los componenentes de la asociación
Amigos de Moya por el trato recibido y esperamos que para la
próxima edición también cuenten con nosotros.
Si
deseais conocer algo mas de Moya, su historia y tradiciones
entrar en www.moyaysustierras.com.